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Letra Nueva

¿Cuán importante es el español dentro del habla en el mundo?

¿Cuán importante es el español dentro del habla en el mundo?

Por la cantidad de hablantes, el español está considerado por muchos expertos entre los tres idiomas de mayor presencia en el mundo. Aun cuando es hablado en zonas distantes, existe cierta uniformidad en el plano comunicativo capaz de permitir que personas geográficamente lejanas puedan entenderse. Sin dudas, las diferencias notables entre hablantes de un lugar u otro están en dependencia, entre otras cuestiones, de las inflexiones de la entonación y el uso de localismos, pero la ortografía y la norma lingüística garantizan la uniformidad para el entendimiento.

Es la segunda lengua en Estados Unidos y la que más se estudia como idioma extranjero en los países no hispánicos de América y Europa. Su importancia rebasa estos argumentos al ser incluido como idioma dentro de las grandes autopistas internacionales de la información como Internet, lo cual propicia la constante traducción de informaciones, su difusión e intercomunicación. Otros estudiosos auguran que en el futuro el castellano alcanzará mayor difusión en todo el mundo.

Algunas curiosidades del idioma Cervantes

El idioma español tiene una buena ventaja sobre otros: la similitud entre la escritura y la pronunciación, especialmente si lo comparamos con el francés o el inglés. De éstos y algunos otros idiomas tendríamos que estudiar la fonética tanto o más que la gramática. Si lo comparamos con el portugués, tenemos en español solo cinco vocales, contra las vocales orales del portugués, las vocales nasales, y la división de todas ellas en abiertas, cerradas y semicerradas.

La letra más usada en español es la "e", y entre las consonantes, la "r", pues puede usarse al principio de palabra, en otras posiciones, o incluso doblada en "rr". Las palabras más largas de este bello y rico idioma son “anticonstitucionalmente”, “electroencefalografista”, “otorrinolaringológicamente”, y “esternocleidooccipitomastoideo” (un músculo que nace en el tórax y pasa por el cuello), aunque como pueden imaginar, no son las que usamos con más frecuencia. Hay palabras que poseen todas las vocales, como los nombres propios "Aurelio", "Aureliano", "Eustaquio" y "Venustiano" y también las palabras "eucalipto", "murciélago", "abuelito", "orquídea" y "alucinógeno".

¿Por qué usamos signo de interrogación inicial?

Con frecuencia nos preguntan por qué el español es la única lengua que emplea el signo de interrogación inicial, y cuál es el origen del signo final de interrogación empleado en todas las lenguas europeas modernas.

En la mayoría de los idiomas se utiliza un único signo de interrogación al final de la frase interrogativa: How old are you? (Inglés: ¿Cuántos años tienes?). Este fue el uso habitual también en español, hasta mucho después de que la segunda edición de la Ortografía de la Real Academia, en 1754, declarase preceptivo iniciar las preguntas con el signo de apertura de interrogación invertido, (¿) y terminarlas con el signo de interrogación ya existente (?) – ¿Qué edad tienes?–, al tiempo que se ordenaba lo mismo para los signos de admiración (¡) y (!).

Este criterio, en realidad, no se generalizaría hasta casi un siglo más tarde, ya que desde esa fecha de mediados del siglo XVIII hasta mediados del XIX la Real Academia Española no tuvo, ni mucho menos, el carácter corporativo e institucional que le iba a conferir la monarquía isabelina posteriormente. Las imprentas siguieron editando según la costumbre: ubicaban solamente un signo al final de las frases interrogativas o exclamativas. Si los signos iniciales se extendieron en las tipografías, no se debió a que el español tenga el problema de que no se sabe en qué momento se inicia la frase interrogativa o admirativa (la sintaxis de otras lenguas también desconoce ese momento), sino al carácter forzoso que dio la monarquía a los criterios de la Real.

La norma de los signos de interrogación y exclamación iniciales fue impuesta, simplemente, de la mano de la Gramática oficial de la institución monárquica. Su carácter compulsorio estaba limitado al muy reducido ámbito idiomático de España (ver, por ejemplo, la resistencia de Chile). Una solución intermedia muy corriente consistió en utilizar los signos de apertura sólo cuando el enunciado era largo, o con riesgo de ambigüedad, pero no para las frases breves y claramente interrogativas, como Quién vive?

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