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Letra Nueva

Todo el mundo al rescate… de qué?

Todo el mundo al rescate… de qué?

El Presidente W. Bush fue el primero en lanzar su plan de rescate. Luego le siguieron  otros mandatarios, pero ninguno llegó a la cifra propuesta por el “emperador” norteamericano en la cita de la Asamblea General de la ONU.

Hasta hace unas semanas no se oía hablar de rescate financiero. La libre empresa, anunciada por Adan Smith y llevada a la práctica por los paladines del neoliberalismo del siglo anterior, se ve ahora atacada por los mismos que la impusieron. El gobierno americano “compra” o “nacionaliza” bancos en quiebra e inyecta liquidez a la economía nacional para que todo siga igual.

Al otro lado del Atlántico pasa algo parecido; en España grandes bancos pasan a ser propiedad del gobierno, mientras emiten planes de rescate nacionales para paliar una crisis que ya salió de las fronteras americanas y amenaza a todo el mundo. Reino Unido, Alemania y Francia hacen lo propio para no quedar atrás en la carrera de los rescates de una economía global, marcada por la especulación, el crecimiento ficticio y el dinero sin respaldo.

El iniciador del rescate advirtió que la intervención del gobierno en el sistema financiero para responder a la actual crisis traerá en el mediano plazo beneficios para la economía y para los estadounidenses, todo lo contrario a lo que afirmaban su padre y su abuelo cuando iniciaron sus negocios millonarios con el petróleo. Ellos, los grandes empresarios de la nueva economía, se oponían a la intervención del Estados en la gestión económica y planteaban que las grandes empresas no precisan de la ayuda o supervisión del gobierno y que el desarrollo económico de un país se debe a la libertad que tengan estas empresas.

Sin embargo ahora, con la mayor crisis financiera desde 1929, todos corren a inyectar dinero a sus economías y adquirir por precios irrisorios las empresas en bancarrota. De esta forma piensan rescatar sus economías, sin pensar que la crisis es consecuencia de una enfermedad crónica llamada neoliberalismo, que ahora se complica con la inflación, la recepción y otros males económicos.

Los analistas ya no saben a qué achacarle la crisis, si a la falta de liquidez, a la devaluación del dólar, a la guerra, las tasas de crecimiento negativo, el alto índice de desempleo o la disminución de recursos naturales. Tampoco saben cuál es la fórmula mágica para salir de la crisis y solo claman por más millones para salvar lo insalvable.

En todos estos rescates los de abajo (el Sur, los pobres, el resto del mundo) son los que más sufrirán, porque a fin de cuentas son los abastecedores de materia prima y los receptores de todos los productos de las grandes economías desarrolladas.

Estados Unidos, con sus 700 mil millones de dólares de los contribuyentes; el Reino Unido con sus más de 44.000 millones de euros (35.000 millones de libras); Alemania con sus más de 480.000 millones de euros; España con 100.000 millones de euros; Francia con 436.000 millones de euros y seguirán los millones del rescate de una economía global a punto de colapsar.

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