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Letra Nueva

La música popular cubana y su relación con el habla de los cubanos; un enfoque crítico

La música popular cubana y su relación con el habla de los cubanos; un enfoque crítico

La frase que da título a este trabajo se escogió con el marcado propósito de llamar la atención. Quizás la hayan escuchado en una corta canción de una sección del lenguaje en una emisora de radio. Y la escogí porque engloba los dos temas que me interesa tratar en este momento; la música cubana actual y su influencia en el lenguaje como reflejo de la cultura popular.

 Cuando caminamos por las calles de nuestras ciudades a veces nos asombramos y pensamos que estamos en otro país o que el resto de las personas son extranjeras. Lo digo por su forma de hablar y de expresarse en todo momento, que al parecer no son, en su gran mayoría, hijos de la tierra de Cervantes. Aunque queramos ser el pueblo más culto todavía nos falta aprender a hablar y dejar a un lado la jerga que se usa en las calles cubanas, aunque también se oye en círculos “más intelectuales”. Pero donde más abunda es el los “cantantes” de reggeton y rap que pululan como hormigas por nuestras calles.

No es que yo sea una purista de la lengua, pero a veces hay que decir ¡Hasta aquí la falta de cultura y educación!. Una cosa es que los “artistas’ se expresen mal en el escenario y digan alguna barbaridad y otra cosa, bien diferente es que un niño de pocos años se ponga a tararear una canción y repita lo que oye, por ejemplo a los cantantes de Aventura: “Hola que tal, soy el chico de las poesias tu fiel admirador y aunque no me conocías Hoy es noche de sexo, voy a devorarte nena linda”. O la conocida “A mi me gusta la gasolina, ay, papi dame gasolina!!”.

Como fenómeno cultural la música influye mucho en las personas y más aun en las nuevas generaciones, ávidas de experiencias diferentes. Pero si la música promueve valores que no son los más acertados entonces lo que hace es perjudicar la cultura de un pueblo.

Cierta persona me recriminaba y me decía: “preocúpate más por la gente que dice asere, consorte, monina, jevita, que esas palabras están mal dichas.” A ese le respondí que se equivocaba de medio a medio: las tres primeras palabras que me dijo pertenecen a un dialecto bantú que trajeron nuestros abuelos africanos y significan hermano de religión, compañero y amigo y la última es árabe y se usa para designar  a las esposas de un señor árabe, ya que en estas culturas se permiten varias mujeres. Esas palabras sí están bien utilizadas y forman parte de nuestro idioma, que se encuentra en continuo movimiento como diría Víctor Martínez de la Concha, presidente de la Real Academia de la Lengua Española.

Pero de seguro ese estudioso de la lengua nunca ha tenido que escuchar las diatribas de muchos jóvenes cuando se saludan y cuando hablan de cualquier tema banal y sacan a relucir las últimas frases que ha escuchado en las canciones de moda. Y si el lenguaje es un reflejo de la cultura entonces esta está en peligro.

La parte más peligrosa que veo de esto es la enseñanza que se están llevando los más pequeños de la casa con estas canciones y la influencia que tiene esto en su forma de hablar y de pensar. Ya los niños no dicen “esa muchacha…” sino “ese mango” con la consiguiente transmutación de un ser humano a una fruta, que aunque sea muy rica nunca se compara con la dulzura y la sencillez de una bella joven.  Los jóvenes ya no dicen madre ni padre para dirigirse a sus progenitores, sino que dicen “ma’” y “pa’” parafraseando cierta canción con letra pegajosa pero repetitiva y vacía popularizada por Haila y Pandilla X.

Otro de los peligros que percibo es la sobresaturación a que nos someten los medios de difusión masivos con la transmisión a toda hora de estos géneros. Desde el momento que la música se divide en géneros, con la consiguiente discriminación par algunos, y la programación televisiva también se divide en horarios se comete el error de poner este tipo de música en horarios infantiles y sentar un precedente perjudicial par los niños que oyen estas canciones.   

Uno de los programas musicales de televisión que acoge a todos estos nuevos músicos sistemáticamente es Cuerda Viva, que al igual que A Capella, Súper 12 y otros por el estilo, se transmiten en un horario donde hay muchos niños y jóvenes sentados frente a la caja de fantasías que es el televisor y absorben todas las letras de las canciones que se televisan. Y por supuesto que estas canciones no son un buen ejemplo de lo que es el castellano en el sentido amplio de la palabra.

Desde hace más de una década cuando se comenzó a dar el boon de los grupos de rap y de reggeton en Cuba, los compositores que se respetan se ven rodeados de una fauna de seudo artistas que unen tres oraciones secamente redactadas y dicen que es una canción, que pocos meses después se oye en el mercado discográfico con el habitual grupo de figurines salidos de la nada, con sonrisa de Cólgate y el omnipresente cuerpo de baile abundante de carnes y escaso de ropas. Oímos canciones que son simplemente dos párrafos sin una historia que contar, para colmo redactados por completo en una jerga ininteligible. Y apenas escuchada en una emisora de radio ya 20 o 30 niños la repiten hasta aprenderla de memoria.

Al parecer este ritmo pegajoso, de sonidos que incitan a tirar sus pasillos hasta los más tranquilos, y letra ofensiva, heredado de los cantantes de la Jamaica y el Puerto Rico de hace diez años, se incrusta en la mente de los jóvenes mejor que los conocimientos que reciben en las escuelas. Con toda seguridad le puedes preguntar a muchos jóvenes los nombres de los 5 cantantes de reggetón más escuchados y sus respectivos discos y la historia del mártir de su escuela o que te escriba una canción infantil; puedes estar seguro que la pregunta relaciona con la “música” te la responderá a mayoría, aunque utilice la misma gramática de las canciones, y las otras quedarán en muchos casos sin respuesta.

En un pueblo con una cultura tan rica y que lucha por la educación de todos desde la más temprana edad es una lástima que las malas enseñanzas impuestas por parte de la música popular sean un lastre para nuestro desarrollo. Tampoco digo que toda la música popular sea un desastre; existen muchos buenos ejemplos de excelente música y cultura a la vez, que siempre transmiten un mensaje educacional y no él “rompe, rompe, rompe…” del borícua Daddy  Yankee.

Poco a poco esa música popular que antes nos identificaba en todo el mundo como símbolo de cubanía se está haciendo repetitiva, grosera y maleducada, cuando su mayor deber es exhibir un lenguaje impecable, depurado, que muestre lo que realmente es la cultura cubana.

Es tiempo de luchar por una verdadera cultura integral, que vaya desde la música popular y culta hasta la forma de hablar de los niños. Si queremos nuestro pueblo sea una muestra del buen hablar entonces debemos educarlos desde pequeños, para que luego no tengan que decir por las calles del verde caimán: “!Qué pasa, mango, tú no entiendes el español de ahora!?.

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