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Letra Nueva

Museo rodante cubano: inventiva e ingeniosidad

Museo rodante cubano: inventiva e ingeniosidad

Por fuera puede parecer un Chevrolet de 1957 con buena pintura, pero por dentro es muy diferente; motor petrolero Perking de 4 cilindros de 1989, caja de velocidad adaptada, llantas integrales hechas a la medida y pintura especial “importada” de Estados Unidos.

Toda esa mezcla de piezas y partes de autos de diferentes años y modelos no es obra de la casualidad. ¿Cómo logran mantener estos autos, en su mayoría anteriores a 1961? Según algunas estadísticas extraoficiales, los autos norteamericanos antiguos constituyen más del 10% de los coches que transitan en Cuba (unos 75 mil vehículos) y responden a las necesidades de transporte y al “apego” de los cubanos por sus almendrones, como también se les conocen a estos carros.

Realmente son pocos los autos que conservan sus partes originales y son muy pocos los que tienen un buen mantenimiento. En todas las carreteras de Cuba se ven estos carros, que todavía circulan como mismo lo hacían hace 50 años, pero el desgaste paulatino y el corte de los envíos de repuestos y accesorios provocó la aparición de mecánicos e innovadores especializados en este tipo de carros, esos mismos que hoy los mantienen rodando y acrecientan la fama de Cuba como museo rodante.

A veces se ven algunos de estos lujosos autos por las calles cubanas: puedes ver lo mismo un Ford 1930, un Crown Victoria 1955 ó un Thunderbird 1957, hasta luminosos Porsche, Cadillacs El Dorado, Mercury Monterrey, Lincoln Continental, Plymouth Fury, Chevrolets Impala ó un exclusivo Corvette.

A pesar de que existen empresas estatales que se dedican a preservar estos añejos automóviles y que también hay una compañía que ofrece paseos en estos clásicos llamada “Gran Car” y un museo llamado “Depósito del Automóvil”, en La Habana, son los mecánicos particulares quienes mejores innovaciones hacen con estos prodigios.

Los hay especializados en el sistema eléctrico, los motores, las cajas, el diferencial y hasta torneros que hacen piezas completamente nuevas y con las mismas propiedades de las originales. Reinier Morán, uno de esos mecánicos, es un gran conocedor a pesar de su corta vida en el oficio. Hace casi 10 años, cuando estudiaba en una universidad pedagógica para convertirse en maestro, dejó sus estudios y se dedicó a trabajar con su papá y su hermano arreglando sus carros y de vez en cuando tirando pasajes a otras provincias.

En su taller siempre está un Pointiac 1955 de su padre y de un Polski Fiat (Polaquito, como se le conoce en Cuba) de su hermano, pero como mecánicos mantienen en buen estado una serie de autos, norteamericanos sobre todo, que requieren cada día más de su inventiva. Reinier y su hermano, a pesar de ser buenos mecánicos,  me recomendaron que viera a Geroy, un mecánico que trabaja en el Taller Especializado de Transporte, del Ministerio de la Construcción, en la ciudad de Cienfuegos, a unos 240 kilómetros de La Habana.

Ya otros mecánicos dedicados al negocio de reparar autos americanos me habían hablado de él, así que si muchas personas lo recomiendan es porque debe ser muy bueno en su trabajo. También la casualidad quiso que su jefe viva en el mismo edificio multifamiliar de este periodista, así que las gestiones para encontrarse con Geroy fueron más sencillas, lo difícil fue encontrar el tiempo para “hablar de mecánica”.

“Mira, yo cuando tengo más tiempo para hablar es la hora del almuerzo – me dice Juan Ramón Geroy Sosa, que es ese su verdadero nombre – porque el resto del tiempo estoy fajado con los carros y lleno de grasa”. Así es que aprovechamos ese corto espacio de tiempo para conversar de las interioridades de un oficio, que más que técnico, ya se ha convertido en casi artístico en Cuba.

“Yo tengo ya 59 años y llevo oficialmente 35 en el mundo de la mecánica automotriz, pero desde que era un muchachito de casi 9 años ya andaba encima de una camioneta o de un tractor aprendiendo a manejar. La “culpa” la tiene un tío mío que tenía carros y los reparaba, de él aprendí un poco y fue cuando me enamoré de este oficio”, – declara Geroy cómodamente sentado en un banco, a pocos metros de su puesto de trabajo y todavía con la grasa en las manos.

A nuestro lado esperaban varios autos de diferentes procedencias por su “diagnóstico” como gran conocedor de la anatomía de estos ingenios mecánico, pero que realmente se ha especializado en autos de factura americana, los conocidos almedrones.

“Ahora casi todo el mundo quiera cambiar los motores de sus carros americanos – afirma Geroy – y buscan mejores y más modernos motores. A diario hay que fajarse con las anillas, los pistones, los metales y las tapas de los block. Mira con esto ya hay inventivas que merecen un premio; ya hasta “cosemos” las tapas de los block que se rompen, sí, les damos unos puntos de costura como si fuera una prensa de vestir y se pueden seguir utilizando. Ya el cubano que tiene un carro americano ha aprendido a repararlo todo, porque no hay muchas piezas para estos autos”

“Hay muchas personas que buscan motores de petróleo para cambiarlos por los originales de gasolina como una forma de ahorrar. Todas esas adaptaciones no son muy difíciles de hacer. Mira, una que es un poco más difícil de hacer es adaptar un motor de gasolina de un Volga ruso y ponerlo a trabajar con petróleo, pero ya hay gente por aquí que lo hacen. A mi me sigue gustando más el de gasolina, es más estable, sereno y silencioso, por eso no le he cambiado el mío”, dice Geroy y mira hacia donde se encuentra su auto, un Chevrolet de 1953, que parquea en su mismo centro de trabajo.

Con Geroy ocurre una situación curiosa: uno de los mejores mecánicos y especialista en adaptaciones a carros americanos todavía mantiene su auto con el motor original y casi todas las piezas originales, menos el sistema eléctrico. “Una de las pocas cosas que le he cambiado a mi carro es el dinamo que trae de la fábrica, lo cambié por un alternador; el dinamo genera corriente continúa de poca amperaje y casi todo el mundo lo cambia por un alternador que genera corriente alterna de más poder, esa es una de las más comunes que se puede ver en todos los carros americanos que circulan por Cuba”, nos comenta Geroy.

“Ahora mucha gente también le está poniendo motores japoneses a los carros americanos. Como se venden mucho este tipo de motores, los dueños hacen sus adaptaciones y los utilizan. A veces lo que menos se imagina la gente es que uno de esos carros de más de 50 años tiene dentro un motor Toyota o Nissan del año 2005 o más moderno todavía”.

“También casi todos buscan los guardabarros y las defensas niqueladas para que se vean mejor – declara Geroy con la experiencia de 35 años que lo avala - , pero lo que importa es por dentro, que camine bien, consuma poco y se rompa poco. Por ejemplo, la gente busca las llantas hechas a la medida en la ciudad de Camaguey, todo lo que tenga que ver con piezas fundidas en Placetas, los cristales y el sistema eléctrico sí se pueden conseguir casi en cualquier lugar, pero lo más importante es el día a día y que el carro siga funcionando”.

“Mira, nos señala este mecánico y amante de los automóviles norteamericanos, un trabajo muy relacionado con el nuestro que es muy importante es el del chapista, que le “saca los golpes” al carro y mantiene la carrocería como si fuera nueva. Ese más que un mecánico es un artista y nadie habla de él y tampoco de los mecánicos. A pesar de que todo el mundo ve los carros americanos todavía muy lindos, Nadie se imagina todo lo que hay que inventar para mantenerlo y buscar piezas de repuesto para ellos.”

Si a Cuba se le conoce como un museo rodante, por la cantidad de autos antiguos que circulan por nuestras carreteras, entonces los mecánicos que mantienen estos carros serían algo así como los “curadores del museo”, pues en sus manos y su inventiva está la carta de triunfo a la hora de mantener autos, que en su inmensa mayoría sobrepasan los 50 años de construidos.

¿Cuánto van a duran estos carros americanos? Pues lo que los mecánicos quieran… hasta ahora llevan más de medio siglo gracias a las adaptaciones y si la gente se esfuerza y siguen inventando, entonces durarán otros 50 años más, sentencia Juan Ramón Geroy Sosa, un erudito cubano en el mundo de los automóviles norteamericanos, que ha hecho de la mecánica automotriz una forma de vida y un arte.

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