Letra Nueva |
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Hace unos días me trataron de convencer para que escribiera en una sección llamada “El dedo en la llaga”, de una publicación estudiantil. ¿Creen que acepté?, pues no. Creo que si lo hago corro el riesgo de perder el dedo antes de ponerlo en la llaga. Después puede que lamente haber fracasado. Claro que es mejor intentarlo antes de lamentarme, aunque esta vez sea expuesto a que me condenen a la hoguera del silencio editorial si escribo algo que no le guste a los “círculos de poder”. Otras veces he intentado algo parecido y he escrito comentarios sobre temas candentes, pero tantas veces como lo he intentado he chocado contra una barrera casi infranqueable para los que se dedican al arte de la palabra; editores incomprensibles e ignorantes sobre la materia en cargo de dirección. Cierta vez dije que criticar era un tabú y no me permitieron publicar mi trabajo a menos que quitara los dos párrafos donde estaba esta frase y otras por estilo. Me censuraron y entonces digo ¿es o no es un tabú criticar? Si no es tabú ¿entonces porqué no permiten publicarlo? En otros tiempos, digamos hace 90 años o un siglo, los periodistas que escribían columnas de críticas o comentarios tenían que estar preparados para responderle a los “ofendidos” de la manera más fuerte. En la capital algunos periodistas tenían la dicha (desgracia) de responder a los retos de los ofendidos en el Capitolio. Allí existía una sala donde estaban permitidos los duelos entre los políticos, que eran los más ofendidos con la letra impresa, y algunos profesionales de la pluma. En esa época era usual también que los grandes periódicos tuvieran una escuela de esgrima para sus periodistas. Ahora las armas han cambiado, al igual que los ofendidos. Antes eran políticos ofendidos armados de pistolas y espadas, ahora son burócratas escudados tras muchos papeles o el simple buró, símbolo de dogmatismo. Como estamos en un nuevo siglo, en la era del Homo Digitalis, los métodos han cambiado, he encontrado otras soluciones; nunca se le debe acorralar a una persona medianamente inteligente, porque buscará salidas insospechadas. Ahora he tomado en mi auxilio a las nuevas tecnologías; cada vez que escribo un comentario me valgo de las listas de correo y mando mis trabajos para toda mi Facultad. He comprobado que al poco tiempo ya circulan a nivel universitario. Ese es mi objetivo, que me lea la masa, ya sea en el burdo papel, impreso en con una fotocopiadora gracias a la caridad de alguien, o en formato digital. Es cierto que una columna de comentarios de actualidad y de intercambio con los lectores proporciona la plena realización a muchos periodistas, pero también muchos dolores de cabeza. Siempre abundan los directivos a los que no les gusta lo que escribiste porque fuiste muy fuerte con ellos o los que simplemente no concuerdan con la construcción gramatical que empleaste. Es cierto que el periodista debe ser imparcial, pero es muy difícil estar en medio de una disputa entre Dios y el Diablo. Quizás me digan que no son tiempo de estar pasivo ante lo mal hecho. Es cierto, pero creo que todavía las personas no son tan educadas como aceptar una crítica sin levantar marejadas de justificaciones, en el mejor de los casos, porque en otros son simples y directas ofensas y cuestionamientos. Creo que por ahora no me decido a poner el dedo en la llaga. Dejaré que otro lo haga y se lleve las glorias o las penas, aunque le auguro muchas penas y pocas glorias; estás últimas estarán empañadas por las penas anteriores, que serán mayores y más dolorosas. Es mejor que la llaga se cure con sus propios anticuerpos o que sea otro el que trate de curarla en vano. Es de valientes y locos luchar contra molinos de incomprensión, pero también es cierto que es de necios tratar de derribar un muro ignorancia a cabezazos, y más cuando este muro tiene cimientos tan sólidos. Fecha: 19/12/2006 12:25. |