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Letra Nueva

La violencia también llega hasta la tierra de los Vikingos

La violencia también llega hasta la tierra de los Vikingos

Hoy por la mañana leía con horror una noticia sobre el brote de violencia que se desató en Noruega que acabó con la vida de más de 90 personas. En un inicio por supuesto que los grandes medios de prensa comenzaron a culpar a los musulmanes, a los seguidores de Al-Qaeda y a cuanto grupo político con rostro árabe existiera en esa parte del mundo, pero luego se dieron cuenta del que el principal sospechoso no tiene nada que ver con esa descripción: alto, rubio y nórdico.

El primero de los ataques ocurrió a las 13.20 GMT al estallar una potente bomba en el centro de Oslo cerca de las oficinas del primer ministro Jens Stoltenberg y del popular diario noruego VG. Siete personas perdieron la vida en la explosión y otras 15 resultaron heridas, algunas de gravedad. En los escombros de los edificios de Oslo afectados por la explosión podría haber más víctimas todavía.

La potente detonación causó graves destrozos en cuatro edificios gubernamentales y otros inmuebles vecinos. Ningún miembro del gobierno resultó herido, según indicó el propio Stoltenberg, quien aseguró que tales ataques "no socavarán nuestro compromiso con la democracia y un mundo mejor".

Pero toda la violencia no terminó allí: unas dos horas después empezaron a llegar informaciones sobre el tiroteo en el campamento de las juventudes socialdemócratas en la isla de Utoeya, a unos 20 kilómetros al noreste de la capital noruega. En el lugar había congregadas unas 600 personas, muchas de ellas de edades comprendidas entre los 15 y los 20 años.

En un principio se habló de diez muertos en la isla, pero tras unas horas de confusión, y tras conocerse el arresto del sospechoso, la policía noruega informó que el número de cadáveres recuperados en la zona ascendía a 80.

Según el relato de algunos testigos, el agresor entró en el campamento vestido de policía con el pretexto de velar por su seguridad. El tirador, para lograr su objetico con mayor facilidad, le pidió a la gente que se congregara a su alrededor y entonces empezó a disparar, con lo que los jóvenes salieron corriendo para ocultarse entre los arbustos y en el bosque, e incluso algunos se lanzaron al agua para ponerse a salvo.

Testigos de lo ocurrido aseguraron que el autor de la masacre portaba una pistola, un arma automática y una escopeta. Tras detener al sospechoso -descrito como rubio, de 1,90 metros de altura, cara de modelo de revista y en nada parecido a un musulman- las autoridades dijeron que encontraron explosivos sin detonar en la isla.

En las primeras horas tras los ataques se habló de una posible venganza de grupos islamistas por la participación del ejército noruego en las campañas de la OTAN en Afganistán y Libia, o incluso por la publicación de las polémicas caricaturas del profeta Mahoma.

El sospechoso de los ataques, Anders Behring Breivik, tiene 32 años de edad y tenía opiniones de derecha y paradójicamente puntos de vista antimusulmanes.  Breivik parece haber escrito en los sitios de redes sociales como Facebook y Twitter, aunque las cuentas fueron creadas hace apenas unos días, el 17 de julio. En la página de Facebook atribuida a él, se describe a sí mismo como cristiano y conservador.

En fin, todo eso lo leí por la mañana y me di cuenta de que en este mundo donde la violencia se impone en todos lados cualquiera puede sembrar el terror, hasta en un país como Noruega, donde no se veía esta clase de hechos violentos desde la Segunda Guerra Mundial.

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